Concha García nació en la Rambla (Córdoba) en 1956. Ha vivido la mayor parte de su vida en Barcelona. Licenciada en Filología Hispánica. Ha publicado varios libros de poesía, entre ellos: Por mí no arderán los quicios ni se quemarán las teas (Premio Aula Negra Universidad de León,1987), Ya nada es rito (Primer Premio de Poesía Barcarola, Diputación de Albacete, 1988), Ayer y calles (Premio Jaime Gil de Biedma, Madrid, 1994), Cuántas Llaves (Icaria,1998), Árboles que ya florecerán (Igitur, 2001), Lo de ella (Icaria, 2003), Acontecimiento (Tusquets, 2008), El día anterior al momento de quererle (Calambur, 2014), Las proximidades (Calambur, 2016), Vasta sed (Cántico, 2020), Cuota de mal (Huerga y Fierro, 2022), El triunfo de lo caduco (antología), Baza, 2024, Lugares (El Toro celeste, 2024).

Autora de los diarios: La lejanía, Cuaderno de Montevideo (Carena, 2013) y Los antiguos domicilios (La Isla de Siltolá, 2015), Desvío a Buenos Aires (Chamán Ediciones, 2019), El vértigo horizontal (Cántico-Almuzara, 2023) y Los años divididos (Libros de la Resistencia, Madrid 2025).

También es autora de los libros de ensayos sobre poesía: Asomos de Luz (Amargord, 2012), Miradas en los entresijos (Libros de la Resistencia, 2020) y Bajo la luz de la lámpara (Cántico-Almuzara, 2023)

Ha recibido el Premio Dama de Baza (2019) por el conjunto de su obra, el Premio Igualdad en la Diputación de Córdoba (2023) y en 2026 recibe el premio Poesía en Abril, otorgado por la organización Chicago Poetry Festival y la Universidad De Paul de Chicago.

Una poética

Caminar entre olivos. Detenerse observando el horizonte y las hojas del castaño con sus frutos todavía verdes. Las paradas de autobús de lugares equidistantes donde apenas hay nadie. Las capillas laterales de algunas iglesias barrocas. Los versos subrayados cuando sacas un poemario de la estantería, pensar en el tiempo que hace que los subrayaste y por qué. Sentir el mensaje. Los balcones que dan a la ciudad, las ventanas desde donde poder observar las nubes, la luna y las luces de la ciudad a lo lejos.

Dos poemas

I

Nunca he sabido
el alcance del daño
que le hice, imagino
muchos momentos
apoyada en la mesa
a la espera de un café
acariciando el brazo
de su amante, recordando
que hace ya tantos años
o al abrir una puerta
encontrar mi frasco de colonia
mi risa, mi manera
de cerrarla.

II

La niña que fui
llora en los rincones
quiere tener más años
no llevar un delantal
para ir a la escuela
a rayas, plisado.
La niña que fui
está rota, le gustaría
verse de golpe
como ahora la mujer
que lo recuerda,
formar una unidad
con todos los fragmentos
esparcidos en años, ventanas,
habitaciones, ciudades.