
Nichita Stănescu (Ploiești, 1933 – Bucarest, 1983) es uno de los poetas más importantes del pasado siglo. Para Stănescu, la poesía nacía siempre de una revelación y el lenguaje no era más que el material con el que se hacían los poemas. El poeta no era, pues, muy diferente del pintor, el escultor o el arquitecto, y las palabras no se concebían como simples manchas bidimensionales o sonidos carentes de cuerpo, sino como elementos que flotan en el espacio mental del poeta y que este manipula en la creencia de que “un contenido magnífico, misterioso, revelado, puede dar lugar a una forma igualmente magnífica y revelada”.
El humor, lo imprevisible, las transgresiones lingüísticas presentes en sus primeros libros van evolucionando hacia una poesía de carácter metafísico en la que el ser humano y su incapacidad para comprender su propia experiencia ocupan el lugar central.
Traducción y nota de Abraham Gragera
